I - PREFUGA




IN ANNO MCMLXXVIII





De lo que se fiçieron los so nomnados fijosdalgo e acaescióles en su garrido trovar de las Espannias, e otros fechos sin glosa nin votivo cognoscido, sino regalarse del dardo pedrero las noches e asentar los reales en refitorio improvisado del que demandar siguiera el ánima de alguna olla, e de lo que son joeçes aquestos agora firmantes et esotros que al fin firman ca viéronnos en deambulaje.




  • Letrado et historiador de cuanto acontesciera, et encargado del transporte de elementos imprescindibles para el envío de mensajes e la definitiva consignación en el Libro de cuantos logares foeran recorridos. Don Luys...
  • Corregidor so cuya responsabilidad déjanse aquesos útiles que hobiera necesidad de transportar con vistas al regalo e divertimento de alcaldes, físicos e grandes señores que al paso se travoren. Don Carlos...
  • Cirujano Mayor que transportará aquesas boticas et ungüentos de los que podiera haber menester. Don Carlos...
  • Maese Entretenedor que transportará, como su cargo indica, todos aquellos elementos indispensables para alegrar al viajero en el ocio, así como tabaco, dulces e chistes. Alférez Don José...
  • Maese Cartógrafo-ecónomo, que con las cartas de aldegüelas, villas e villorrios por do hobiéramos de transitar, e determinará camino, e corresponderá mantener en orden entradas e salidas de dineros, con el constante mantenimiento de la Bolsa. Don Luys...



1. Homenaje


¡Salve, oh tú, noche serena,
que el mundo velas augusta
y los pesares de un triste
con tu oscuridad endulzas!

- ¡Salve, oh noche,
que nuestros trajes enlutan!



2. Cuentas


Do se relata todo aquello que pudiendo entrar a engrosar nuestras bolsas, lo fiço, así como todo aquello que, aún muy a nuestro pesar y falta de costumbre, que es el pie de la rutina y ésta nunca ha de ser bien vista en aquestos menesteres, pues, continuemos, aún aquello que sin poder, vino a adelgazarnos las pieles e con ello también la cáscara del cuerpo, vaya por lo cual, quizá ganamos una plegaria de compasivos videntes en nuestra Tránsfuga, pues de todos es sabido el enjuto cuerpo del anacoreta...



Pico, pico, a ver si me pongo rico...
...


[Síguese desglose de ingresos y gastos habidos en el apartado V - Geographía et Humanidades]
...
Poderoso caballero es don Dinero y a fé que a juzgar por las presentes devanaciones, nada amigo de estudiantina deambulante.





3. El tuno es también caballero


  • El caballero recibe espada labrada en semejanza de cruz
  • El caballero recibe una lanza para significar verdad
  • El caballero recibe el yelmo para significar vergüenza
  • Al caballero se le da loriga, castillo e muro contra los vicios e faltas
  • Al caballero se le da calzas de ferro, piernas e piés seguros
  • Al caballero se le da espuelas en significación de diligencia, peritaje et ansia
  • Se le da gorguera al caballero en significación de obediencia
  • Se le da maza al caballero en significación de fuerza de coraje
  • Se da al caballero misericordia, por si fallaran anteriores
  • Se da al caballero un escudo para significación de su oficio
  • Se da al caballero silla para cabalgar en ella
  • Se da caballo al caballero en significación de la nobleza de su valor
  • Al caballo se le pone freno
  • Se pone al caballo la testera, pues el caballero no hará uso de las armas sin razón
  • Los guarnimientos defienden al caballo
  • La túnica significa al caballero los grandes trabajos que sofrirá en honor de caballería
  • Se da al caballero una seña, divisa, para fijar en el escudo, silla e túnica
  • Al rey, príncipe e señor de caballeros se le dá señera o estandarte


  • El tuno recibe cuchara y tenedor de palo con que comer, siendo madera también señal bíblica
  • El tuno recibe pandereta o parche, cuya forma redonda recuerda el diámetro de la esfera del orbe
  • El tuno recibe instrumento de cueda, ya que ésta ata a las musas
  • El chambergo al tuno guarece la cabeza: es señal de respeto
  • Campo, balcón y posada son también atributos del tuno
  • Zapatos de punta propongada que abran el aire a cada paso en señal de diligencia
  • La escarapela de color significará la sección universitaria, facultad a la que está adscrito
  • Llevará ansimismo beca cruzada al pecho d eigual colorido y significación que el anterior
  • Las medias et el calzón hasta la rodilla complementarán el atuendo de su mitad inferior, dando ligereza a su porte andariego e trovadoresco, trocando éste por cortas calzas en ocasiones especiales
  • Llevará misericordia para cuando los entuertos a desfacer precisen de filo cortante, o para cuano la ocasión ansí lo requiriese, como desfacer remisos nudos de las cuerdas, verbigratia.
  • Llevará capa con gran cinta central en sus desplazamientos juglarescos, observando multitud dellas en sus estancias sedentes
  • La botica es esencial para galénicos menesteres
  • El jubón, coronado por chorreras en sus extremidades, pondrá punto al atuendo y únicamente será suprimible cuando la ocasión dicto normas distintas al respecto
  • La manta sera fiel compañera
  • El escudo poner término a los retoques indispensables, debiendo a su porte todos los honores inexorables que conlleva. Junto a éste se colocará el grado alcanzado por el bueno facerl del joglar e viajero
  • La bandera o estandarte engalanará los pasacalles importantes.
. . .

II - PARAFUGA

1. La idea


Fablamos largo e tendido de la necesidad de viaje e jornada que habíamos, así como el menester, que todo aquel que se precie de llevar la noche en su corazón tiene, por romper piedras en arena con la fuerza de las suelas, quel peso del cuerpo e las carnes de la folganza repetida e continuadamente almacenada, han de disolverse por la impetuosa Tránsfuga a los recovecos del mundo aún no trovado para glora propia et eterna.

Así estábamos con estas e otras cavilaciones, cuando vino a iluminarse la prodigiosa idea que a relatar paso:

  • ¿Por qué no habríamos de desenterrar vihuelas e cucharas de palo en trovadorescas jornadas sin límite geográfico?
  • ¿Por qué no habríamos de realizar quimera, si a ella todos habemos alcançe, siquiera imaginariamente, et, así, buscar para punto de meta e fin de aquesta Trásfuga alto tan difuminado et etéreo cual es el Parnaso, gloria suprema?
  • ¿Por qué, si a tan excelso punto habíamos de acudir, no aprovechar ocasión e coronar con la benia de Apolo et asistencia de las musas, homenajeando la figura del Maestre Espinel?
  • ¿Qué mejor quía, ya que en ello estamos, que Marcos d'Obregón, que ya ficiera viaje, para apostarnos hasta la cumbre?
  • Y, por fin, ¿a qué lugar encaminar nuestros pasos e que foera soficientemente amplio para cobija de nuestras hazañas e del Parnaso, hermanándolo en Tránsfuga unísona e sola?

A fé que a Castilla.

Y así empezamos...


2. Desventuranzas preparatorias

Aceptada que lo fue y entusiásticamente rumiada la idea ya descrita, empezaron para nos arduas penalidades e obstáculos que habría que puntualizar e datos importantes, sobre todo históricos, que tenerse en cuenta a la hora de llevar a cabo tal acción.

En el capítulo intitulado Metafuga, que continuará a este que agora nos ocupa, quedará ampliamente mostrado el innumerable acopio histórico a tener en cuenta, pese a que en esta ocasión, solamente se refieren concretas fracciones de los mismos et ideas muy generalizadas, sosceptibles de ampliación tal que, a buen seguro, llenarían páginas e páginas de una abultada biblioteca, quizá, y para desdicha de estudiosos, con más gloria para Polimnia que para Clío.

Presentóse de inmediato el dilema del personal, ca entre los dones (Nuño, Gil...), maeses (Alonso, Martín) e maestres (Fabián, Rodrigo) e demás aceptables proponentes, acl cabo, tan sólo los capitanes en Tuna et licenciados en Trova Don Carlos et Iocencia, aceptamos cargar a nuestras espaldas la casi divinamente encomendada et difícil tarea, como se explicará al fablar de Metafuga, e con todos los respetos a D. N. S., que todo lo sabe e no ha de dudar de la buan fé que nos mueve a tal empresa, ni del apelativo anteriormente usado para los superiores grecorromanos.

Así pues, sellóse el pacto con emotiva seriedad e casi jurándonos llegar a fin o quedar en el empeño.

Como queda expuesto, la dificultad humana era máxima, a aún agora, a escasas horas del inicio de la Tránsfuga, desconocemos la totalidad del pasaje que seguirá el mensaje de Apolo en los rayos del cielo, puesto que, como él, también partimos del Este a la busca de territorio dó trovar ventura e fama.

No menos nominables son aquestos problemas derivados de la preparación física e geográfica del material transportable.

En quanto al de naturaleza geográfica, baste con señalar su casi total abolición de forma que, presumiblemente, el punto de salida en dó colocaremos el escudo e señal de nuestra victoria primera e parcial, ha de ser Ciudad Real, puesto que su mismo egregio nombre ha de servir cual pátina para engrosar nuestra gloria e la del tuno, que es la misma, cual pan de oro que engullesen e asimilasen nuestras coronas, si a laurel hobiéramos caso, y si a éste permitido le estoviera poseer estómago e tripas fisiológicamente capaces de facer propio el mineral.

Mas no desmoralicemos que Esculapio decidiera los menesteres que hubiera en cada caso, ca este ha de ser su cometido e a buen seguro que no habremos de dudar de su cordura ni éste ni otros menesteres para los que será nominado e necesario.



3. Material



Et aceptada que foé la salida, comenzóse a
escoger e decidir el material
transportable e conveniente que
a continuación se detalle et explica...

Necesidad de:




Alegres los ojos,
borracho el semblante,
la copa espumante
en alto brindar:

Rebosen los labios
en risas e vinos
y el néctar divino
dé fuerza al andar

Alimentos

En sí no hobiérmoa necesidad dellos, pues sin pecar de goliardo, bien podiérase sopistear con la debida atención e respeto, con las significaciones debidas y, desde loego, sin jamás rechazar el bon vaso de vino, ca al cabo alimento es también et a Baco fiçiéramos ofensa en su desechanza.

Mas e como líquido sólo non foera soficiente mas que para rehenchir vejigas, que ya estoviéranlo de caminar, e como a fé quel mismísimo dios querencia mostráranos si algo sólido que flotara non ingiriéramos, por dar más importancia a lo trasegado, algo de sopista sí podemos transportar en los morrales, que es en suma poca mercancía, e voto a tal que su peso más bien habría de reconfortar que atormentar al transportador.

E como cierto es también que los caldos con pan sopas son y mejor entran e porque en definitiva no podemos evitar venir de la costa do los barcos pululan e flotan sobre las aguas, imaginamos siempre este elemento con tropezones.

Abusar de mi imaginación no debiera e ansí a la hora del repostar evitemos el pensar en las playas de torismo, en las que los obstáculos cárnicos son numerosos, pues a poco la Fortuna enviara enfados dejándonos siquiera los despojos e aromas de un mal caldo que humedezca nuestros labios.

Pan redondo sí llevaremos que en sume el diámetro del orbe en su circunferencia lo es e ánimos infundiéranos con su doble significación e cometido.

Confiemos pues en manos de Fortuna la comida, que no toda, e si a campo hobiéramos menester de refugiarnos, Diana o Artemisa que importan poco nominanzas, oremos por mejor subsistencia e reacopio de energías soficientes.


Aseo

Poco necesario foera si a campo o monte hobiéramos de restringir los tropezones con las piedras, mas como el oráculo muéstrase algo penumbroso al respecto con augurios poco claros, y en cualquier caso mucho de negativos, serían capaces de indicarnos un gasto en demasía de la capa e de la manta, e ansí es de confianza pensar en la hospitalidad de rústicos serranos, que los habrá, y es por ello además que por la evitanza de escoceduras innecesarias, por lo que a un leve aseo menester hobiéramos, aún a vez por cada par de jornadas.

Et ansí se nos hace indispensable cepillo con que tratar las fauces e polvo blanco limpiador con que lavallas evitando et eliminando residuos de comida anterior, que más que dañar los dientes habrán de dañar el recuerdo al quedar depositados en tal forma, como far e luz de lo que un ayer podimos masticar et engullir, llevándonos a la destemplanza de ánimo et a sueños alucinatorios de un recuerdo residual e dentario, por lo que posiblemente las limpiezas pararían por gozar algo más de un comer ya lejano e olvidado en la memoria.

Ropa interior e atuendo proprio del tuno

Viene a ser como uno solo, pues que poca diferencia hay cuando la necesidad e zar de la vida obligan et apremian al desalojo de las pieles, tanto de aquellas que abrigan los diversos dineros e monedas e baratijas consiguientes, como de esotras que arropan otra piel que a carne corresponde, y ésta es ropa íntima que a nadie conviene desechar o aventurar en el joego.

Al cabo viene a ser cosa idéntica, pues que si hábito non ha de facer monje, traje non fará tuno, que lo ha de ser en calzones e aún en su defeto, por razones que a relatar no paso e que la pudicia reconviene a omitir, en traje de Adán, padre nuestro.

Instrumento

Será sobrio e necesario el tañible e con cuerdas pares o no, e a la sazón, habrá de nomnarse guitarra, vihuela si la hobiera, bandurria, laúd e mandolina si a Nápoles hobiérase recurrido et en él repostado en el transcorso de alguna jornada.

Parche necesario est, e será infatigable compañero, mas como ya Euterpe indicara a este respecto, cuerda habrá de ser pulsada para que su complementario, tras balcón agazapada, sienta al unísono vibrar el cuerpo de placer e amor.

Cuerda pulsada lo será tamibén cuando la corriente nerviosa de los adentros faga reaccionar la mano dirigiéndola presta a la bolsa do, sin preturas, con liberalidad, alcance algunas monedas a cuyo encuentro acudirá el parche movido por la hábil mano que a tal menester ha sido entrenada.


III - METAFUGA

1. Historia


Facer la Vía del Calatraveño debiera ser obligación impuesta a todo estudiante ajeno a Palencia, Salamanca o Alcalá, et aún a aquellos destos cuya aspiración principal foeran las letras.





La historia verdadera de la vía sólo las letras pueden narrárnosla e a Santillana, marqués don Iñigo López de Mendoza que foera, puesto que él si fizo la del Calatraveño e supo emparentarse con aquellos grandes d’España que ostentaran título de maestre mayor de las grandes órdenes militares.

Mas la historia va más allá comenzando, precisamente, en Calatrava…

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HISTORIA de las ÓRDENES PRINCIPALES



Los almohades habían irrumpido en España poniendo en jaque al reino de León tras haberse apoderado de las principales ciudades y plazas de Andalucía y Alfonso VII El Grande, rey de León y de Castilla, nombrado emperador de España, no contaba con fuerzas suficientes para deshacerse del enemigo.

El fragor de las batallas enseñoreábase de Extremadura, sur del antiguo reino de León, cuando don Suero Fernández Barrientos, caballero de Salamanca, deseoso de coadyuvar a la causa cristiana, convocó a ricoshombres e hidalgos castellanos para emprender empresa de la que habrían de salir más airosos y con gloria si cabe.

Como queda dicho, los almohades irrumpen en España en el 1145 y en dos años toman Cádiz, Tarifa, Algeciras y Sevilla y se extienden ampliamente. La respuesta de Alfonso no se hace esperar y recupera Calatrava preparando una formidable expedición contra Almería, convertida en un peligroso puerto pirata; cuenta con el apoyo de los más importantes adalides de Castilla, León, Asturias, Galicia, Navarra, Barcelona, Aragón, Montpellier, Pisa y Génova. La ciudad se rinde en 1147. Alfonso continúa sus campañas por Andalucía tomando Jaén, Andújar y Guadix, derrotando a los almohades a las puertas de Córdoba.

Pero Almería vuelve a caer sin que el rey llegue a impedirlo. Alfonso muere este 1157 dejando a su hijo Fernando II el reino de León y a Sancho III el de Castilla, desapareciendo con esta división la titulación de emperador.

Volvamos a Suero Fernández. Cuando buscaba lugar para entablar batalle apareciese el ermitaño Amando, sabedor milagroso del compromiso adquirido, y señalóles a tal objeto un punto que coincidía con aquel en que la ermita estaba enclavada. Reunidas las tropas, don Suero fue nombrado jefe y don Gome lugarteniente. Antes de la batalla, el obispo de Salamanca les dio unos estatutos para que la organización cívica fuera bendecida y participara del carácter de ejército cristiano. El reglamento que se les donó fue el de la Orden del Císter, bajo la advocación y nombre de San Julián de Pereiro.

Pereció don Suero en la batalla y don Gome alcanzó la jefatura y recibió los honores de Fernando II, quien les donó el castillo de Alcántara del que tomaron la denominación, y aceptaron como insignia la cruz de Alcántara en sínople.


Sin embargo, las vicisitudes del reino de León no eran nada en comparación con los peligros que acechaban al de Castila, a la que correspondía la defensa de los territorios conquistados y entre éstos, la codiciada Calatrava.

Los monjes soldado había nacido en Palestina y actuaron repetida y provechosamente en la cruzada española (Caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, Santo Sepulcro y Templarios, principalmente). Sin embargo, la frontera estaba en manos de los templarios, quienes a la muerte de Alfonso VII viéronse incapaces de sostenerse en la plaza.

Ningún caballero osó reclamarla

Encontrábase en Toledo el abad del convento o monasterio Fitero de Navarra, Raimundo Serra, llamado por este motivo fray Raimundo Fitero, y un monje del mismo: fray Diego Velásquez, que instigó a aquél para reclamar la plaza consiguiendo que les fuera otorgada. Recorrieron Castilla y Navarra reclutando a más de 20.000 hombres con que repoblar la frontera y a los que instruyeron con las reglas del Císter, fundando la orden de Calatrava a la que posteriormente Alejandro III dio el visto bueno definitivo, adoptando la cruz que lleva su nombre en gules.



Para entonces ya había muerto Sancho, cuyo efímero reinado duró aproximadamente un año, dejando a un hijo, Alfonso, de tres años, por cuya tutela pelean las dos familias castellanas más poderosas de la época: los Castro y los Lara, además del rey de León, Fernando, que ansiaba de esta forma recuperar para sí todos los territorios paternos.

En tanto, los sarracenos amenazan con llegar hasta la mismísima Santiago, 1160, pero un grup de doce aventureros decídanse a expiar sus pecados luchando contra el invasor, designando como jefe a don Pedro Fernández, natural de Fuente-Encalada, en la diócesis de Astorga, hombre de gran temple, valeroso, resuelto y de gran firmeza, quien solicitó de Fernando II la aprobación adoptando las reglas de la orden de San Agustín bajo la advocación del apóstol Santiago, estableciéndose inicialmente con el protonombre de frailes de Cáceres en esta provincia.

El jefe era el Maestre, con un consejo asesor de “los Trece”. Los caballeros guardan castidad conyugal, oración, ayuno, mansedumbre, humildad y practican el ascetismo. Más tarde Alfonso VIII les dará la plaza de Uclés como sede definitiva. Batallaron los siglos XIII al XVI adoptando la cruz de Santiago en gules.

Posteriormente Jaime II de Aragón pidió a Clemente V autorización para formar una nueva orden que acogiera todos los bienes de los desaparecidos templarios y Hospitalarios para evitar que caigan en manos ajenas. En 1317 Juan XII les extendió una bula al efecto adjudicando a la orden de Montesa todo lo que antes poseyeran los otros en el reino de Aragón.

El castillo de Montesa fue la sede, y la insignia como la de Alcántara en sable, cargada con una cruz llana de gules


A pocos kilómetros al sur de Calzada de Calatrava, en la provincia de Ciudad Real, se encuentra el paso obligado hacia el sur por Sierra Morena.

Un cañón natural sito entre dos inmensos peñascos, clave para la defensa de la frontera entonces enclavada en este punto, evitando así el desplazamiento de los invasores por el resto de la Península. A ambos lados del paso se establecieron el castillo y el monasterio fortaleza de Calatrava, en los que tenían su hogar todos los caballeros de la Orden.

Parece, además, y así podría apuntarlo Vicente Espinel, padrino de la Tránsfuga, que los estudiantes citados en su libro que se dirigían de Antequera a Salamanca, tuvieran paso obligado por estos campos, en donde el vino rinde fiel homenaje cotidiano al enemigo de Neptuno, para algunos ebrios constantes, siendo aún más graciosa su aseveración por cuanto la sal marina es sinónimo de mofa, aún no siendo marina…


[ ... ]

2. Lenguaje

Resultóse de lo dicho que hobimos de repasar la historia de la lengua, pues que necesidad habríamos de entendimiento si a fe que realmente hobiéramos sido depositados en el auténtico siglo al que queríamos ferir con la punzante esbeltez de nuestro calzado.
Tras repasar escritos de épocas parejas, no estándose del todo consignada la fecha exacta de la cruzada, pues que a paisanos y despistados pupilos universitarios produjérales obnuvilación cronológica, cual si la indefectible continuación de la misma vida no fuera sino un contínuo suceder de día y noche, hobimos de diferenciar de tan amplia época abarcada, un lenguaje culto, ya en transición, al que debería unirse la jerga popular y campesina, con constante utilización de nuevas palabras que, benévolamente, han venido traspasando académicas fauces para su deglución y gestación ya como propias del idioma.
En tan inmenso campo nos vimos inmersos que decidimos adoptar una amalgama de vocablos cognoscidos desde que don Gonzalo de Berçeo decicióse escribirlos para mayor gloria de la nasciente lengua y entendimiento mutuo de escribidores y lectores.
Ardua tarea hobiera sido la de intentar fijar una fecha y más aún esclarecer los términos adecuados a cada instante, pues a buen seguro que el emplear términos antiguos nos habría valido más de un disgusto, y no es que ello nos arredrara, que jamás buen español, siquiera goliardo, habrá saboreado estas debilidades.
No nos arredraba, no, mas, y que los dioses no nos sean propicios si a ello non foera debido como causa sola, pero el tener que servirse de la lengua para concertar los víveres fue motivo suficiente para relajar un tanto las normas, a más abundamiento si el temor a una lluvia de piedras foera inminente, pues sabido es que dios los cría y ellos se juntan, y en los pueblos de la Mancha predominan recios hombres junto a no menos recios cascotes.
A más, ¡qué diantre!, ¿fue acaso la norma linde suficientemente alta para que no foera saltada a placer por los ágiles estudiantes? ¡Cuánto más por nos, impulsados que íbamos por el numen directamente fluyente del Parnaso!

3. Ciencias necesarias para la Fuga


Medecina
¿Qué mejor medicina que la natural, a más de que solamente ella habría de ser nuestro manto y piel y abrigo. Dermis? Esculapio e todos los sabios galenos de la historia habrían de vernos evolucionar.

¿A qué preocuparnos en suma si el mismo Apolo estaba al fin del camino aguardando nuestra llegada y observando desde le Parnaso nuestros pasos?
No obstante estos detalles, sin confiar excesivamente en la Fortuna que como femenina es voluble y antojadiza, y tampoco deben ser cargadas sus espaldas en demasía, norma evidente y no ajena a quien se precie de ser caballero, y lo es el tuno, como ya se dijo.
Por todo parecen convenientes:
  • Para traumatología: vendas estériles e gasas
  • Infusio salicis, vulgo aspirina, milagrosa panacea pro sensu dolores carere
  • Intestinal y digestivo en general: antiácidos y antidiarreicos, torminum intestinales, pues mala cosa foera ir ligero en viaje en el que hasta el paso habrá de ser lento y el bocado tardo y por estas razones mayormente aprovechados.
Y basten estos, paresciendo pocos, porque léase cuanto agora sigue...

Botica - Pharmacopea botánica
Porque ya que a campo e tierra estamos invitados, qué mejor ciencia que la de la botánica para mantenernos alerta y en forma:
  • Para la garganta: agrimonia, zarza espino, mirtillo-albahaca, detienebuey-gatuña, naranja, menta, salvia, romero.
  • Mirtillo-arándano y tormentila para los aftas
  • Limón, eucalipto de los antípodos y agrimonia en las anginas
  • La angélica, anís, comino e hinojo que impedirán imprudentes aerofagias generalmente mal consentidas por los vecinos y aún peor soportadas.
  • Enebro, grama, cebada y parietaria versus morbos veneris
  • Romero, salvia, mejorana, orégano, rosa, malva, lavanda, malvavisco, mirtillo y menta en las colitis.
  • Zanahoria, col, castaña de India, cebolla, orégano, albahaca, laurel, rosa, mirtillo, borraja, angélica, regaliz, bardana-lampazao, canela, verbena, primavera, prímula y ajo contra afonías, catarros y gripes.
  • Aceituna, berro menta, mirtillo, ruibarbo, naranja y romero contra la debilidad del viajero.
  • Contra digestiones difíciles: menta, salvia, flor de brezo, mejorana, serpol-tomillo, fresa, romero, manzanilla, canela, ajenjo, jengibre, lirio, genciana, angélica, achicoria, nuez, nuez moscada, clavo de olor, ruibarbo, limón, lúpulo, melisa-toronjil, orégano, hierba doncella-vincapervinca, cagarría-morilla, pimiento, eneldo, hinojo, cilantro, pastinaca-chirivía, zanahoria, anís.
  • Perejil contra el ardor de estómago y nepenta en los calambres estomacales. Aquilea-milenrama, trébol de agua, pequeña centaura, girasol, marrubio, salvia, ajo, tila, menta, menta-poleo, orégano y lavanda en los dolores de estómago.
  • Tomate, cebolla, aquilea-milenrama, gordolobo, bardana, malva y ortiga en los hemorroides.
  • En las contusiones, torceduras e inflamaciones: primavera-prímula, árnica, perejil, hisopo, manzanilla, aceituna, perifollo-cerafolio.
  • Orégano y romero calma las tortícolis.
  • Contra el insomnio: manzanilla, albahaca, espino blanco-majuelo, anís, adormidera, lechuga, trébol de agua, rosa, pasionaria, pasiflora y tila
  • Col y salvia evitan pesadillas
  • Para las picaduras de avispas y abejas higo y perejil; plantaina-llantén y perejil en las de insectos en general y retama y lavanda contra las de víbora.
  • Malvavisco y lino contra el prurito
  • Gordolobo en el panadizo
  • Manzanilla, albahaca y tomillo en el orzuelo
  • Para los doler de cabeza salvia, tomillo, tila, verbena, trébol de agua, angélica, lavanda, serpol-tomillo, primavera-prímula y limón
  • Si son de muelas: azafrán, patatas, perejil, ajo, cardo de Venus, clavero y láudano
  • Perejil y saúco en el oído
  • Las dolorosas quemaduras se calman y curan con patata, calabaza, col, hiedra, zanahoria, gran consuelda, manzanilla, menta, tomillo, rosa, aceituna, ajo, agrimonia, malvavisco, lúpulo, plantaina-llantén, saúco, teucrio-germandrina, cola de caballo, corazoncillo-hipérico, laurel y aquilea milenrama.
  • Para la ronquera, cebada, regaliz, higo, hisopo, culantrillo, piñón, col alquililla, zanahoria, limón, manzana, pulmonaria, gordolobo, tila, tomillo, lino y saúco.
  • Contra la tos borraja, lechuga, aciano, malvavisco, helio-énula campana, marrubio, orégano y col
Astronomía



Meteorus

~FUGA PRIMA~

1. Partida

Reunímonos, en fin, e logramos facer equipaxe, nada fácil dadas las especiales condiciones que requieren tales trámites de viajera trovada.

Ficimos paquetes e preparamos albarcas e bolsas que non poco es en suma, sino condición indispensable a todo pobre, e no de trovadores que pudieren transportar en improvisadas alforjas las más variadas mercancías, que al fin la de pícaro, sopista, juglar y studiante, a más de esotros epítetos segund especialidad, han de ser transportados.

Asimos bultos et lleváronnos a la estación, dó, y tan sólo como inicial privilegio e transporte al punto de partida, habríamos de tomar un tren o ferrocarril, segund modernísima nominanza.

Fízonos tarde e tarde conseguimos ascender al locomotivo medio con la desventaja consiguiente dimanada de la necesaria muchedumbre que por aquestas fechas principales es transportada.

Lleno había de estar todo, e no más lleno lo dejamos, a salvo de la carga que ya reseñada se ha anunciado.

Y ansí tan sólo el descansillo del férreo carruaje sería humanitario dando albergue a bulto et estudiante, a los que nocturna e secretamente guiaría al punto de partida.

De lo que entonces acaescióse, fablaré en el siguiente capítulo.


2. Tren

Tan parco seré en explicaciones cual lo fuere en comodidades el ferrocarril, pues hobimos de viajar amontonados en el mentado descansillo.

Y no era éste punto poco principal, pues hallábase un retrete adjunto, paso por tanto obligado a necesitados acusoso e más sólidos o defecantes, habiendo de sofrir las aromáticas inclemencias, harto ahunadas por las tormentosas ventosidades de quien omitir quiero, pero a quien el recuerdo sonroje y señale con su índice por siempre.

Ochenta minutos de retraso tomóse la férrea diligencia pues que salióse una hora e veinte minutos después de la media noche, e con el retraso mismo llegaríamos a nuestro destino.

Cenamos amplia e repetidas veces et aceptamos los líos inevitables de ciertos emigrantes andaluces, jóvenes de edad pero ya secos de seso, que repetían viaje de vuelta desde Cataluña, a más de la consabida soldadesca que puebla los caminos.

Hacia las diez horas de la amanescida del día, apeámosnos en la villa de Manzanares.



3. Manzanares

Decir Manzanares o cualquier noble palabra dedicada al agradescimiento físico del viajero, et ansimismo espiritual: difícilmente desfraternables alma e cuerpo, sería al caso, pues que a poner pie en la cantina e a merecer canciones fue cosa misma et fecha.

Cansados cual estábamos e mostrábamosnos, y a poco enemistados con Morfeo, fuimos requeridos dando nota por la cantinera e algunos parroquianos, tras facer propios unos desayunos con pastas locales.

Un cartógrafo destacado a la sazón por aquestos lares, e perteneciente a la rondalla de Magisterio de Madrid, Escuela Blasco Vilatela, llegóse hasta nos e cúpole la extraña e única gloria de dejar impreso en nuestras hojas algunos borrones, pues que a nadie fueron éstas escatimadas, como comprobarse podrá con tan sólo facer vistazo a páginas ulteriores.

Fuése e brindó cantinera, hermana, camarera e hasta tres parroquianos que allí encontrábanse e de los que aceptamos un par de rondas de anís süave por ser primeras horas, e a todos ellos dedicamos las dos canciones entonadas, si bien pocos pudieron percatarse de tal fecho

Consumadas las que se intitulan “Rondalla” e aquesa otra de “Santiago”, obtuvimos permiso para desahogarnos de bultos prestos a realizar una primera avanzadilla por la urbe.

Fízose presentación del Libro e firmaron cual testigos un amplio grupo de ferroviarios que a recibirnos llegáronse de todos puntos del apeadero, como gentes de importancia que parescíamos.

Dejamos atrás la estación y salimos a una avenida limitada por árboles, et en una de sus calles dimos con bodega o ultramarinos que cambiónos el vino de Valencia, con le que fabíamos llenado la bota nueva, por un Solera lugareño, pues que el primero, e por la mala adecuación del recipiente, habíase tornado con el gusto del pellejo.

Ya en el centro demandamos por el alcalde e a poco dimos con el médico, don Emiliano, quien desde los años ciencuenta encontrábase en el lugar. Era su especialidad el aparato digestivo, e había acudido a las licciones dictadas por el doctor Jiménez Díaz, afamado e dinno médico nacional. Un copioso fruto de ocho hijos e mansión tal que maravillónos en el centro de la villa. Gran fablador e cicerone, tocado del gracioso don de la hospitalidad, obsequiónos con gruesos tacos de jamón e queso con que llenamos nuestras vísceras, a tal efeto diseñadas por Natura para hacer no poco sitio a los regalos exceptos, dando a la par buena cuenta de un vino blanco Yuntero con que empujábamos lo engullido.

Acompañónos al Ayuntamiento dó habíase personado ya el Alcalde a instancias nuestras, pues de camino a casa de don Emiliano habíamos conversado con su esposa e puéstola en antecedentes de nuestro requerimiento.

Recibiónos e firmó, mas con un poco de reserva, e como paresciése quel libro fuése destinado a la edición continuada, más como documento que como relato de jornada e aventuras, esmeróse al fablar e cuidóse en la dedicatoria.

Cuenta Manzanares con unas dieciseis mil almas y sus fuentes de ingreso, hasta hoy únicamente debidas al vino, hánse visto incrementadas por la industria, con la instalación de fábricas de colchones e baterías.

Con todo, e debido según paresiónos a divergencias políticas, el señor alcalde, maestro e abogado que se era, manteníase dificultosamente en su puesto.

Causónos buena impresión el lugar, bonito e bien emplazado, ubicado en cruce importante de caminos, a más de poseer una residencia sanitaria, Virgen de Alta Gracia, que viene a ser como el oasis que dá todavía verde al reseco e infinito horizonte de la actual Medicina.

Catorde horas después de nuestra salida, cuatro de Tránsfuga, retomamos bártulos e abandonamos la cantina, despidiéndonos hacia la carretera que marca la aguja de la iglesia de la plaza Mayor, cuya foresta, por asombroso que parecer pudiera, la constituían una imponente hilera de palmeras mediterráneas.

4. Comida e camino

PNácher:Comida y camino
Veníamos cargados de ánimos e hambre, ansí como de imperiosas necesidades animales, por lo que a la salida de Manzanares detuvímosnos junto a unos árboles que formaban parapeto al arroyuelo que entre ellos dicurría, do refrescamos una de las botellas de Yuntero, presente de don Emiliano.

Al sol magnífico de la tarde, e ya satisfechas todas las necesidades, pasamos a fraternizar con el Sueño, pero con tal celo, que vinimos a despertar a pocas horas del anochecer.

Desmontamos el campamento e iniciamos ruta hacia Moral de Calatrava, a unos veinticinco kilómetros, ansiando et esperando en la obsequiosa parada et ayuda de humano conductor que, como nos, pasase por tal punto e destino.

Andado que habíamos un par de millas, fizo mella en nos la sed e acercámosnos a dos labriegos que a punto de marcha e sin salir del carruaje, ofreciéronnos agua fresquísima de su botijo, lo que agradescimos de corazón.

Repleto como estaba el carruaje de leña e con la dirección opuesta a la que nos ocupaba, difícilmente pudieron facer más por nos.

Reanudamos la marcha e fuimos comprobando cómo alejábase la espalda de Fortuna, que no contenta con dárnosla primero, alejábase agora, quizá por retirarse a descansar, que ya el sol nada facía por eludir su horizonte et ocaso, siendo reemplazado por una llena y descarada luna e un mal encarado e molesto viento de poniente quien no encontraba en su marcha más obstáculo que nuestro cuerpos, e con nos cebábase.

Fízose frío con su trato el aliento de Eolo e dimos en cobijarnos do posible fuera.

E lo fue tan sólo a medias, que todo nos fue negado salvo la ruinosa estructura de una casa, que lo había sido, huérfana de tejado e con tantos hermanos de puertas e ventanas, que más parescía que éstos ya estaban aquí cuando vinieron las piedras a situarse en casual disposición como la que agora presentaba.

Dejónos fortuna, a más de los grandes ventanales et el mucho cielo, una puerta al este, otra al nordeste et un redondo orificio que miraba al oeste muy fijo, por si hubiéramos menester de ver algo en el exterior, e por ello no hubiéramos de abandonar posición. Dos árboles de prodigiosa presencia, e únicos en el paisaje foeron más humanitarios e ofreciéronnos sus ramas bajas, ya secas porque pudiéramos sobrevivir.

Majuelos de cepas rodeaban la casa, únicamente interrumpidos por la presencia de un caminillo de aviso trazado que se llegaba a la carretera principal abandonada cuatro y cientos metros más allá.

La argéntea faz de Selene alumbrónos e vigilónos descaradamente, e hobiera jurado que miraba sorprendida cómo afanábamosnos por trasponer el umbral desta tránsfuga ya iniciada, culminando la Fuga Prima, tal era la situación aquí abajo...


Ya el sol esconde sus rayos
el mundo en sombras vela,
el ave a su nido vuela.

Busca asilo el trovador...

~FUGA SEGUNDA~



1. Larga noche

Paramos y pararon todos y no paró ninguno, como ya queda dicho, e comenzase nuestra larga marcha nocturna por librarnos del frío, ca la úna leña a que teníamos alcance era de sarmientos e resistíase tan bien a arder, que non lo fizo.

Fue entonces cuando descubrimos la auténtica riqueza de los árboles e aprovechámosla con algunas escaramuzas.

Sobrónos de la comida un trozo de salchichón, e con el pretexto e propósito de desayunarlo al siguiente día, no hobimos sino cenarlo imaginariamente, acompañado de una importante sinfonía de ruidos intestinales que no entendían de imaginanzas e a quienes la saciedad de nuestras mentes les importaba un ardite, reclamando para sí algo de real que avalara tantos créditos.

Mas ese algo no llego, ca no lo había, empero algo acalló tamaña protesta e hambre, que fue el frio que todo lo encoge e oprime e tanto frio fizo et encogiónos tanto, que no sólo tripas, que no parescíase sino que volviéramos de pantagruélica pitanza, ca ni aún si hobiéramos intentado deglutir alno no hobiéranos sido permitido.

Fáltama agora vocabulario suficiente por describir lo que en esta noche sofrimos e soportamos, e aún así, dudo si no quedara corte en facer la semblanza, por mucha soltura que toviera e me fuera dada, tal fue la viveza de la noche, durante la cual, mal que agora nos pese, consideramos la posibilidad de retransfugar desfugando lo fugado...

Mas todo paresce indicar que no sería ansí en su totalidad, acorralándonos ante la decisión última del abandono e ficímosnos con algo de leña por resistir e por esto et otra que alguna invitable cabezada, tan cansados estábamos, fue transcurriendo la noche más larga de nuestra historia, e con ella, nuestra mayor desventura, con la fe puesta en un presto amanecer que, como a sabiendas dello, restrasaba et enelentecía perezosamente su llegada.

Tengo por cierto que lo que salvónos foeron esas esporádicas cabezadas que la debilidad impúsonos, pues ansí el fuego en brasa, medio apagado, dejaba de consumir madera de la que tan necesitados estábamos.

E de tal manera estábamos que cuando uno despertaba a la realidad impelido por el frío e por el continuado graznar de cierta urraca que allí había determinado apostarse, intentaba avivar el fuego con la madera existente e cuando ésta acababa y terminaba et extinguíase, mandaba aviso a los demás ca, despertados, en apariencia al menos, prestábamosnos a la captura del leño en su mismo origen, el árbol, para lo que facíanse menester montañas humanas que en precario equilibrio terminaban por conseguir su objetivo.

E desta suerte los ejercicios mantuviéronnos en calor algunos ratos, en franco detrimento de las escasas energías que almacenádas habíamos.

Recogida la lumbre en una esquina, et a ella recogidos e apilados sobre un sector de no más de dos metros e con un ángulo reto de noventa, veíase la amalgama de nuestro revestidos cuerpos bañados en humo e mugre e cansancio, plateados por el reflexo portentoso del plenilunio que más cruda la noche hacía, e más demoraba e alargaba el ansiado resurgir del sol.

Ensayamos las mil posturas cognoscidas e inventamos mil más et fracasamos en ambos dos miles de manera que tan sólo las piedras que en las carnes se nos clavaban descognoscían nuestra situación verdadera, e pasaron la noche abrigadas, no ansí nosotros ca sobrevivimos inimaginablemente.

De tan sólo esta noche seniles, revivimos, apenas rejuveneciendo cuando la línea del levante tiñóse de claro e vençióse sobre el azul plata dominante, e amanescióse.


2. Camino

E con las primeras luces del día extinguiéronse las pobres brasas que de la hoguera restaban. Quedámosnos al amparo natural del firmamente e pendientes del cotidiano descurrir del carro de Apolo.

Aguardamos a que el astro brillase con firmeza e aprovechamos esta condición por ir templando carnes tan bien dello necesitadas e tan dolidas de frío e noche estábanse que costónos largo esfuerzo.

Cual fardachos apostados en las ruinosas paredes de la mansión albergadora, e ya consumido e apagado el nocturno e quasi secreto fuego del lar nos encrontrábamos cuanque aparescióse a quien dimos en nominar, e lo era, amo et dueño del triste feudo, que ansí lo era para nosotros, pues que a excepción de pernada no restamos de pagar tributo alguno, cual viandantes acogidos que lo éramos.

Vínose a constituir el manchego labriego en punto de nexo que ya amenazábamos en olvidar, de toda civilización tan de nos necesitada como menesterosos Della foéramos nosotros.

Fablónos de sus cepas e majolillos e desotras técnicas de cultivo e mantenencia, e coincidimos en que la noche habíase enfriado en demasía, pues que en este punto gozábamos de mayor cognoscimiento et experiencia. Ca en esta ocasión éramos superiores et aventajados al lugareño en este saber práctico, mal que no debiérase al proprio carácter avispado de estudiante, sino a haber expuesto nuestras virtudes tan duramente al gélido beso de la noche, carnes entecas más acostumbradas a trovanzas e tranquilas rondas, sin más sorpresas que las propias de los hogares de las dueñas do abandonar apreturas e darse a veniales gulas e destemplanzas.

Acabó los preparativos que entremanos traíase e despidióse et alejóse a sus quehaceres de suerte que pudimos degustar la escueta pitanza, desayuno, refrigerio, tentempié e cualesquier esotro pseudónimo que aplicar se quiera, sin ver aumentada comensalía e por ello disminuida la ingesta, por cuanto de mordaz foese un fragmento de sobrante salchichón, suavizando e aligerado con unas gotas de vino.

Rehicimos equipaxe e colocados los bultos en lugares poco doloridos del coerpo, a fé que harto difícil por lo mucho dañados que estábamos por las piedras del natural lecho, reanudamos el itinerario regresando a la calzada principal, con las renovadas energías que produjérannos los caldeantes rayos del sol, reforzados en nuestro ánimo por el esporádito e fugaz encuentro con algún vehículo, posible transportador e aliviador de nuestro peregrinaje.

E ansí fue como al cabo vino a parar vehículo, más tan en la lejanía que casi temimos no ser visibles o ser fruto e blanco de espejismos alucinatorios por nuestras débiles condiciones.

Mas no fue ansí, lo que hobimos de agradecer ampliamente, e montamos e descansamos el resto del viaje hasta Moral de Calatrava, a dó foimos transportados en un arranque de desprendimiento del conductor, a quien acompañaba damisela, pues que ofreciese a llevarnos hasta el fin bien a pesar de que su auténtico objetivo foése la llamada fuente de Siles, distante dos leguas y unos mil pies del punto nombrado.

Érase tal la temeridad del conductor que vímosnos engullidos por las zanjas que colindaban el camino en numerosas ocasiones e curvas, ca su desmedida velocidad hobiéranos erizado el cabello si no hobiérmaos necesidad deste e otros esfuerzos por un futuro aún no explorado et incierto. Ansí que no hobimos de protestar mal que desta guisa transportábanos faciendo caso omiso del refrán que más vale tardar que nunca llegar.

Llegámosnos al cabo a Moral, con ésta más elevada e curtida et fecha a entuertos, e invitáronnos a unas tisanas de Indias que no podimos declinar ca no hobiese sido educado ni político, ni era este nuestro propósito, e devolvimos tamaña merced ofreciéndoles un lugar en nuestro Libro do firmar y no ser ya jamás olvidados, como no lo foera éste.

E ansí despedímosnos henchidos de generosidad e deudo por comenzar la inspección desta nueva etapa.


3. Moral de Calatrava

Foímos friamente acogidos en esta plaza, e tanto que aún pensamos si el clima de la pasada noche no hobiera fecho mella de sus ánimos por así presentársenos, e desta manera más temerosos que airosos hobimos de recorrer las alargadas callejas del lugar por ir en busca de unos panes que al fin vino a despacharnos Camilo, uno de los panaderos con quien dimos tras largo peregrinar e demandar, al tiempo que las gentes apostábanse a ambos lados de las calles por ver pasar la procesión que agora se inciaba, con estos tres que parecían enviados de dios sabe dónde ni por quién.

Buscamos a don Lázar, hermano de don Emiliano, que ya fue mentado en este Libro, y a quien recomendónos encarecidamente. Hobimos de facer ligero desembolso por mandar recado a Valencia e indagar del capitán don Monchi también mencionado ya hasta este punto, ciertas direcciones en Ciudad Real.

Esto conseguido, regresamos al lugar denominado Los Tres Faroles, mugrienta cantina sita en la Plaza Mayor o José Antonio desta ciudad, dó habímos emplazado bultos por evitar el pasearlos sin miramientos ni lucro por el pueblo. Trasegamos una cerveza en espera de localizar al alcalde del lugar et obtuvimos cita con él que estaba enterado de nuestra llegada e observábamos con cierto recelo en el Ayuntamiento, enclavado en esta misma plaza tan pronto como acabare la procesión ya iniciada, y que tenía su límite en la iglesia que alzábase enfrente como edificio principal.

Llamónos la atención el general respeto que inspiraba el rito, que como es costumbre en estos lares constaba de los poco móviles armados e los consabidos encapuchados e nazarenos, a más de los pasos.

La Virgen de la Sierra, señora del lugar, trae su nombre porque se la venear en una ermita en lo alto de un peñasco que ponía tope al pueblo. Mas había otra que concnetró nuestro interés et atención por el excelso e rico manto en plata bordado regalado por algún indiano, que ansí la mandó engalanar e ofrecióla a la anual Procesión de la Santa Semana.

Mostrónos el señor alcalde el ayuntamiento, recientemente reformado, e con varias salas aún en construcción, e firmó en nuestras páginas plasmando en ellas su dedicatoria, queizá un tanto a la usanza de los anteriores, de las que imbuyóse previamente en rápido vistazo, por cuanto no había desterrado el recelo que ya mencionara e por ver a qué podría obligarle semejante fecho.

Parco en extremo, e más de lo necesario en nuestra situación, despidiónos encargando a su hija que nos guiara hasta la casa de don Julián, anciano galeno de la localidad.

Desdichados acontecimientos reservó el destino a don Julián: un su hijo había muerto poco ha en accidente, y tampoco había respetado la parca a la esposa del otro, habiéndose de hacer cargo de las dos hijas que ésta dejara, una de ellas aquejada de mongolismo. E por no trascender en tamaños infortunios, que el devenir muéstrase a menudo desta manera implacable, habré de cambiar aires tan funestos e continuar con la narración.

Don Julián accedió a acompañarnos brevemente por el pueblo, e dada la ajustada siposición de medios de su hogar, sirvióse invitarnos a unas cervezas, olivas e gambas en una fonda cercana. Fablonos del deficiente futuro que aguardaba al pueblo, ca muy al contrario de lo que ocurriera en Manzanares, Moral de Calatrava carecía de industria e tan solo sobrevivía merced a la calidad e renombre de sus vinos e olivos que competían, si no en número sí al menos en calidad, con los de Jaén. Ponderó sus extraordinarias perdices et ensalzó las magníficas faenas de bolillos que las mujeres laboraban.

Merced a su ayuda pudimos adquirir un chorizo, quesitos e melocotón en almíbar, pues que todos los locales permanecían cerrados debido a la celebración de la festividad del día.

Ya de salida, admiramos una iglesia, sin culto todavía, de acusado estilo neomozárabe, regalo de un indiano a principios de siglo, y en cuyo interior se guardaba la virgen plateada ya mentada.

Ayudados por Hilario, que así llamábase el dueño de la mercadería do trovamos los alimentos descritos, e por don Julián, presentámosnos a la salida del pueblo en la llamda gasolinera, do aguardábamos Joaquín, sabedor de nuestras intenciones e que ofreciese a preguntar a los vehículos que allí detuviéranse repostando por si harían merced de transportarnos hasta Almagro.

Mientras, nosotros comíamos. Devoramos, más bien, medio chorizo ablandando los pétreos panes con largos besos del Yuntero blanco que aún fabíamos e culminando tamaño banquete con la deglución de los melocotones.

Acabado todo ello, como quiera que las gestiones de Joaquín no habían avanzado, fue menester que pusiéramos todo nuestro celo e dedicación en conseguir quien nos llevara.

Quiso la suerte que viniera a pararnos una llamada furgoneta conducida por suboficiales aspirantes al Ejército de Su Majestad, en Lérida, quienes ficiéronnos la merced de trasladarnos a nuestro objetivo inmediato.


4. Almagro

Llegados que foimos a Almagro, tovimos primer encuentro con los corchetes municipales, a quienes inquirimos sobre nuestras inmediatas necesidades de alcaldía, médico e posada.

Fízose la postrera etapa con desconocido acompañamiento ora por uno, ya por otros, de la hoja de lata de melocotón en almíbar, cuya propiedad poco deseable pasaba de bolsa a bolsa al menor descuido, sin mediar palabra e sin que foese apercibido por los nuevos portadores.

Mas quiso la suerte que en su constante transhumar diera al cabo estampándose contra el pétreo suelo cuando así estábamos fablando con los aguerridos informadores, e ante la mirada de reprobación con que nos cubrieron, hobimos de resolver acabar con la situación depositándola en lugar que a tal propósito hayamos cerca en la propria plaza.

Manzanares parece tener asido el cuerno del aindustria e florecimiento, en tanto Almagro es historia et arte, habiéndose constituído en merecida capital del Campo de Calatrava.

Llegámosnos do nos indicaran e vimos rótulo enjuto que anunciábamos posada, Fonda Peña, et demandamos hospedaje que fuénos otorgado con gran alegría por parte nuestra ca veníamos de sofrir las inclemencias noturnas sobre áspera yacija de duros meños, que no colchón, pues si lo hobiera, foése sólo el de las carnes que macerábanse contra los huesos como huyendo del térreo sacrificio, con gran orfandad de Morfeo.

No obstante, atenazónos un ligero pero justificado temblor ante el nombre del lugar, Peña, pues no parescía sino que la venganza por nuestras anteriores procacidades nunca acabaría, mas, comprobado que estancias e camas eran reales, respiramos aliviados de que sólo tratárase de mordaz coincidencia.

Pensamos polir en lo posible nuestras miserias e salir a la calle por ver de topar con prohombres del lugar, en especial, médico, alcalde o cura, mas, decidióse, ¡qué mejor para el miserable que apañar sus desvirtudes que descabezando un sueñecito, con lo que hasta el más plebeyo e homilde e menesteroso siéntese noble et aristocrático et ricombre!

Piltramos largas dos horas, e más foeran si de tiempo hobiéramos dispuesto et éste non foera necesario, e ansí tornamos a la calle dó las procesiones estaban prestas a se iniciar.

Recorrimos el pueblo por entre callejas harto iluminadas de muy claros farolillos a guisa de antorchas distribuidos por doquier, con lo que aunábase el aspecto blanco e limpio del ya de por sí nítido conjunto de calles encaladas.

Antes de seguir adelante acometiendo ciertos temas, por demás interesantes, quisiera, ya que a juicio diario e constante habrá de someterse en el futuro el presente Libro, engrosas sus páginas con los múltiples epítetos que nuestros ahumados oídos eran capaces de discernir entre la infantil muchedumbre, horda pediátrica incontrolada, todavía esbozos varoniles o femeninos, pero ya dotados de artera lengua, en ocasiones tiernamente viperina, e que a más de sonrisas lograban arrancar alguna que otra acallada, a veces sonora et inequívoca, maldición por nuestra parte.

En ansí, entre los sugerentes títulos que nuestras andariegas figuras suscitaban a sus precoces, pero no menos portentosas, imaginaciones, estaban los de torero, Curro Ximénez, Algarrobo, peregrinos, estudiantes, quinquis, mosqueteros e un sinfín dellos a los que habría de añadir aquesos pronunciados por los ya no infantes, que de recios lugareños tratábase, e para los que nuestra respuesta no reconocía ni aún los límites de la grosería, mas todo ello, por supuesto, dentro de las normas éticas que nuestra moral de estudiantes quasi goliardos marcaba.

Recorrimos como queda dicho calles solitarias e otras rellenas de humanidad que apiñada sobre entrambas aceras esperaba el paso solemne de la procesión, con sus encapirotados huéspedes, sus ornamentados e bien cuidados pasos, sus armados, que al igual que nos, revivían tiempos pretéritos, e las bandas, marciales et escalofriantes en algunos puntos, si bien las más de las veces, debido al nimio preparar de sus formandos, mostrábanse con alguna tendencia al desafinamiento constante, lo que unido al consiguiente et estrepitosamente fuerte redoblar de atambores, producía una amalgama de roídos insoportable, con lo que, ciertamente, el duelo extendiese a nuestros oídos.

Las calles vacías e rebosantes de luz abrían el blanco de sus casas como en apretado abrazo hacia nosotros, huéspedes recuperados del pasado, e mostraban en sus frentes el ceñir pétreo de sus seculares escudos, casi siempre militares, inconfundible producto de un ayer preñado de proezas guerreras de los monjes caballeros de Calatrava quienes sin duda reposaban, al acecho de sus pertenencias, con un ojo en el hoy de los farolillos que en nada desmerecían al conjunto et el otro en sus ya oxidadas e yacientes armas cuyos representantes fósiles erguíanse ante nosotros sobre nuestras cabezas.

Recognoscidos en la noche por la mirada doble del águila bicéfala, incomparable signo del poderío de los Austria soportado por los reinos de España, decidámonos a descansar, hurtándonos a su exornada granítica blasonería, testimonio del buen gusto de la nobleza almagreña.

Retirámosnos a la fonda antedicha e saboreados los restos de chorizo que aún fabíamos, e comentados los fechos hasta el punto acaecidos, probamos el dormir.

Todavía en la abominable abundancia de espacios de mi estancia, tumbado sobre lo que parescióme regio catre, aún fui testigo de una última música que con gran algarabía acompañada, recorría la calleja do estábamos ubicados.

E dormimos plácidamente…

~FUGA TERCIA~

1. Síguese Almagro

Con la luz del día era tal la majestuosidad de la Plaza Mayor, que a poco no la recognoscimos. Una columnata de piedra formaba soportales a su alrededor, sustentando la verde estructura de madera de sus casas pletóricas de ventanales, a tuisa de puerto norteño o, más aún, de aquesos otros de la lejana Flandes.

Alguien nos contó su historia.

Ocurrió que los Függer, familia de judíos alemanes, asentáronse en el lugar e con sus riquezas mantuvieron la mayor parte de los gastos del rey don Carlos Primero, a cambio de lo cual obtuvieron el afamado título de caballero de Calatrava, edificando en este lugar la sin par plaza al germánico estilo, guardando el español de los soportales de piedra que la mantienen erguida.

Sucesivas derivaciones de su nombre, que el pueblo todo lo amaña e asimila, dejaron su nombre reducido al más castellano de Fuca, e no acabóse aquí la reducción, pues que al cabo foeron totalmente reducidos pues que foeron expulsados de España por orden e mandato de don Phelipe Segundo.

Aquí, en la misma plaza, dos joyas más subsisten. Una es la deteriorada iglesia de San Agustín, otra aquese afamado lugar de recreo et esparcimiento e non por ello de menor valor que es el Corral de Comedias.

A la cabecera de la plaza, el Ayuntamiento, al que prestos dirigimos nuestros pasos a fin de trovar a su representante, el alcalde, obteniendo el preciado cuño que acreditase nuestra presencia en el lugar.

En vano alcanzamos tal suerte pues que habíase partido con su firma. Sin embargo, un empleado arreglóselas para acuñar aquí la marca de la localidad.

Desayunámosnos en la plaza en lugar nombrado “Chés” un reconfortante café con leche ennoviado a una pasta que a poco nos supo, mas realmente que el orificio de slaida de nuestra bolsa era cien veces mayor quel de entrada, situándonos en precaria economía.

Aparecimos posteriormente en casa del doctor Cárdenas, e fablamos con su mujer, quien recomendónos acudir más tarde por la causa de que su marido et esposo, milites versus morbo, hallábase ausente.

Recorrimos la plaza aguzando nuestra vista por ver de localizar cualesquiera de llamativo escudo con que entretener el rato et hartos de nos pasear dimos con sentarnos al fondo de la misma so algún banco de los que abrigábase entre la verdura de un cuidado jardín.

Al poco, como es notorio, aparesciéronse las primera criaturas ávidas de investigar a costa de nuestras humanidades, si bien el primer grupo de infantes fue lo bastante considerado como para no importunarnos con su presencia cercana e acoso de preguntas.

Presentáronse entonces recias gárrulas en número de cuatro, faciendo cabriolas cual yeguas en celo, et rodeando al maromo que las acompañaba e servía de consuelo, con tal pinta de paleto que no dudamos un instante en pensar que semejantes piruetas fuesen más dirigidas a nuestras excelencias.

Un par dellas más osadas, que hobieran supuesto las delicias del señor en tiempos de tributo de pernada, parecieron más decididas e a poco rozábannos ya con sus estupideces, procurándonos de esta guisa motivo de recreo en tanto aguardábamos la hora de la visita.

Comenzáronse a facer phographías en el frente mismo ocupado por nos, de forma tal que la retratante depositaba sus prietas nalgas a la altura de nuestros apéndices olfatorios e a distancia tan escasa que a buen seguro un importuno pedo hobiera arrancado de cuajo alguna ceja a nuestra facial fisonomía, potencia tal era acusada e ponderada por semejantes posaderas.

Vímosnos al cabo rodeados de impertinentes muchachuelos e comenzáronse sus impíos ataques valiéndose e aprovechándose de nuestro poco espíritu del instante, que más parecíamos ancianos depositados al tibio sol ajenos a cualquier esfuerzo, que viandantes animosos en busca de ventura.

Mas y como vacíanos flaca merced con sus entremetimientos hobimos de buscar una solución a su presencia e así ficimos de suerte que comenzamos a rebajar a aquél que parescía llevar la voz cantante, el más despabilado de entre ellos, al tiempo que ensalzábamos las virtudes del que veíamos como más directo seguidor e rival, ganándonos su amistad. De esta suerte e proceder, sembramos la discordia entre las infantiles huestes a quienes, de la forma dicha, confundimos cual turcos, e así acabaron por pelearse entrellos, alejándose ante la complacencia que nos supuso hurtarnos a sus peregrinos desmanes.

En tanto, las exhibicionistas mozas, cansadas del total vació que sus inmensas moles serranas en nos causaban, ca lejos de apetencia sembraban risa e movían a ella a nuestras calladas figuras, marcháronse también despechadas dejándonos de nuevo a solas.

E con tanto ajetreo, llegóse la hora.


2. La Comedia

Foímos entrados en la mansión e apareció el médico con enrojecidos ojos, ca el excesivo trabajo fabíale impedido tomar descanso desde hacía largas horas et encontrábase extenuado. Tras escuchar una breve exposición d enuestro caminar e de los motivos del mismo, plasmó su firma en estas hojas e retiróse, incorporándose de nuevo a sus hipocráticos menesteres, e quedamos en manos de su mujer e hija que ansí nos atendieron.

Libamos una mezcla de zarza e zumo de caña o ron, e tras animada charla durante la cual no cesó en sus exhortaciones para nos guiar por el recto camino del bien e la virtud, dimos cumplida cuenta del líquido ofrecimiento e pusímosnos en fie finalizando la entrevista.

Fuénos otorgado un último presente que consistió en una gran caja de dulces casero que ella misma había elaborado, lo qual agradecimos grandemente e prometimos que tal gesto mantendríase siempre vívido en nuestro recuerdo, e ofrecimos, a cambio e por último, nuestras hojas porque firmaran, obteniendo así sus dedicatorias.

Mayte, que así llamábase tan sutil damisela, insistió con tal obstinación en acompañarnos, que su madre hubo de ceder a tal súplica pues aunque de temprana edad, rebosaba en ganas por pasearse presumiendo por Almagro en compañía de huéspedes tan sigulares.

Et así fue, en efeto, ca no habíase consumido aún el aire de nuesos pulmones tras su última inspiración en aquella casa cuando apareció como por ensalmo la primera de sus amigas, et ambas pasaron a saludarse con efusividad poco frecuente, juzgamos nosotros, la una por alardear de acompañantes gallardos, pese a los ya raídos et ahumados ropajes, et esotra por el mismo goce.

Llegados al Corral de Comedias arrastrábamos una fila tan larga de seudopajes que diríase que la procesión la encabezábamos nosotros, e hobimos de guardar espera hasta que el portón ditnóse abrir sus hojas et franquónos paso.

Ansí estábamos aguardando cuando vínose a mientes la no tardía necesidad que habríamos por comer e colegimos que lo indicado seríase ampararse en la damisela para que, por su intermedio, pudiéramos marcar un pan con el que entretener las entrevacías manos, que no a todo con aire, merced a la flaca masa cárnica que aferrábase a los dedos, ca los primeros pasos del viaje vímosnos sometidos a merma en la deglución.

Entablamos, en tanto, contacto con unos viandantes del condado de Barcelona, en el principado de Cataluña, próximo a los Pirineos, muralla salvable tan sólo en el futuro por los galos, por et en mor de gloria para nuestras huestes que rendirán la Botella una vez trasegado el líquido, claro anuncio de que en el extinto Imperio la sobriedad regia de cada español, lealtad et firmeza frente a las invasiones, mantendrá sus carnes vivas et incólumes.

Abrióse al fin el pórtico por la trémula et anciana pero aún briosa mano de su vetusto cuidador a quien tan sólo la voluntad de las gentes que a visitarlo acuden, mantenían con vida.

“Aquí” – nos fue dicho – “duermen sueños centenarios et eternos los ecos de trovas”

Quedamos maravillados et paresciónos apto lugar para las más sutiles bellaquerías, pleno encanto e donosura, rezumando sus poros, por el contrario del patio generalmente aplastado por la plebe, eternos et transparentes hilos e miradas amorosas, quizá de piso a piso cruzadas, de parte a parte cambiadas, et incluso desde el mismo escenario.

Construido en el siglo XVI, único en el mundo, entre sus entrañas hánse dado cita inmortales representaciones de nuestro tiempo ya imponderables clásicos.

E como a tal fin estábase destinado, sobimos a las tablas vocando sueño pasados, representando ficticias comedias que, junto a la osadía de nuestras vestimentas, fizo gozar a los presentes por lo real del resultado, reviviendo en el aire aquesos versos.


Venís a verme,
a ver las galas
que antaño me vistieron…



E perseguidos por ellos como por misma sombra, impotente resultado del chocar de los solares rayos contra los cuerpos, nos alejamos temblando, sintiendo su aliento en nosotros, continuando sus voces en mil ecos replicándose en cada trozo de nuestras humanidades:

Las voces que he guardado,
los gestos que envolvieron
humanos sentimientos
de gentes que anduvieron
caminos polvorientos.



Revisamos palmo a palmo cada metro de aquel lugar, excitándonos con las incursiones e asomándonos por cada ventana casi prestos por ver amontonarse las gentes allá abajo, et oír sus escadalosas voces todas al unísono, en tanto los actores preparábanse para abordar la escena con suobra, prontos a ganarse al público presente o a soportar sus pullas e descaros, que no todo son aplausos et parabienes en la farádula.

Mas el tiempo habíase concluido e tovimos que partir, no sin antes intercambiar unas palabras de agradecimiento al anciano que habíase dignado acompañarnos en la visita sin otra esperanza a cambio de sus indicaciones que el estrechamiento sincerao de la mano que le ofrecimos.

3. Dad de comer al hambriento



Auténtico episodio goliardo al que nuestras mercedes viéronse sometidas para cumplimiento de las normas e gloria propria et eterna.



Una vez satisfecha Talía, trovada en la calle Terpsícore con retazos de Santiago, et in memoria pro míticos orígenes de Troya, nuestros polvorientos pasos viéronse dirigidos al más profundo a la par que elevado de los ministerios: el divino, e a la religión, que en ocasión encontrábase enclavada en el monasterio de los PP. Dominicos.

Admiramos una soberbia arcada sita en el patio central del dicho monasterio, do las musas, de haber tenido cabida, lejos de su idólatra presencia, gozado habrían si a incursión se vieran sometidas desde su apolínea morada del Parnaso.

Pétrea filigrana fría mostraba su escalinata e contemplamos absortos sus helénicos motivos clausúrales, so el dórico, el piso del patio, e sobre apuestos, el jónico de la primera planta. No menos extraordinario resultó para nos el descubrimiento de tal piedra, en recuerdo e gloria de Carrara, en pieza única de sostén.

El PP Rafael, exprior, como apetescía nominarse, mostrase ciceronesco al advertir nuestra sorpresa ante tanta et eterna donosura. Viónos hambrientos et enseñónos la Iglesia de una sóla nave que allí, en su esquina siniestra cubriónos con su crucero ojival.

Vimos soterrados comendadores cuyas reliquias debieron resaltar e saltar de gozo por nuestra presencia, sin desánimo para los vivos a quienes resta el afán de vanagloria, exento de inutilidad, según nuestra esperanza.

E como nuestra faz delatáse más hambre, si caber pudiese, fízonos pasar al sobrio refitorio do dímos cuenta de apetitoso refrigerio.

¡Qué momentos de entusiasmo vivieron nuestras tripas e nuestros corazones, que al cuerpo, en sí e vivo, es sólo uno y al unísono siente! E qué decir de nuestros cerebelos, ca embriagados por las circunstancias, abrieron anhelantes el pórtico magnífico de la memoria por grabar por siempre semejante ocasión, fecho e dicha.

E nuestras almas, exotéricas, de exultante gozo exhaustas, contemplaron extasiadas el externo campo anexo a la parte posterior, magnífico y excelso maridaje con Natura que acerca más que puente alguno al trascendental momento de la meditación.

Aquí sopimos de su construcción, entre 1524 y 1544, e aún temblorosos e jadeantes por las pasadas experiencias, nuestras espaldas dieron el último adiós a las portadas renacentista y grecorromana.

Gran conquista, para envidia del ojo de don Diego, cuyas hazañas non foeron emuladas, antes bien resultaron insignificantes ante celebración tan exuberante de arte e recuerdos en el tiempo ya desvanecidos.

Que Dios en su santa e completa visión de las sensaciones disculpe tamañas desvergüenzas que a ignorante pudieran parecer pedantería o pecado de humildad por omisión, a trueque de soberbia, mas bien cierto est, e pongo a los siglos por testigo ca viéronnos deslizar los cuerpos turbando sus sombras e paz, que el gozo supremo del que nos veíamos coronados fuése más digno de rey que de goliardo, e puesto que a tal guisa nos despusimos, retrocediendo en lo posible al no tan obsturo antaño, damos gracias por haber vivido estos instantes.


4. E otros detalles

Buen paso dimos acercándonos con sigilo a la Universidad, porque si bien fuera encontrala, non foera necesariamente bueno el que ella nos viese, pues como su caligrafía indica, femenina est, ansí larga sin hueso de chismosa e non con toda la verdad, mas que sus hijos catedráticos lo intenten e defiendan. Pero temimos truxera nuestros andares malinterpretándolos e foera con la voz al cante de esotra nueva de agora de Valencia.

Fuénos dicho que allá por el 1534 y hasta el 1324 coleccionáronse grados. Fundada por Fernando Fernández de Córdoba, clavero de la orden, presenta, a más de este escudo, dos de los condes de Cabra, el de los duques del Infantado et el mejor cognoscido de don Carlos Emperador.

En el barrio noble observamos embelesados calles, plazas, portadas, escudos e patios como el del Palacio Maestral, do allá por el 1273 Alfonso X Sabio, rey de Castilla, e por ampliación d'España, por orgullo de todos, celebró cortes.

Saboreamos en suma la Portada de la casa Rosales, la de la Casa del Prior, de 1600, la plaza de Santo Domingo, la del marqués de Torremegía, la del conde de Valparaíso, marqués de Añavate, calle Bernardas... e ansí todo el logar.

. . . . .


Cuán inmensa suerte aquesta
d'ir hollando la tierra,
regocijando los ojos
con la fuerte piedra
de casa de antaño.

E de nos, nuestros despojos,
regalados e amparados
E mimada nuestra alma,
que no hay calor tamaño
como dan en Calatrava.



5. Nueva partida

Como ya todo estuviera en su sitio destinado, cada bulto con sus ligaduras presto a abandonar asiento, retrovamos a la posada que tan bien diónos cita con Morfeo la pasa noche, reiniciando los no ya por practicados menos dolorosos e firientes trámites de la despedida.

Imponíase a nuestras mercedes un breve repasar tan intensas vivencias que más de tres jornadas paresciános que habrían de costarnos tres lunas o períodos, cual aseguran los indianos que contaban los salvajes en sus dominios, agora ya, a D.g., cristianizados e despaganizados.

Recogíamos, a fe que no cabe duda, mas a trueque era como si el mercado de la vida quisiérase cobrar amplios trazos de nos:

¡Tanto llevas, tanto dejas!

e bien cierto, voto a tal, que la fiel de la balanza non veíamos cabicear una pulgada a cualesquier lado.


Regalábannos las gentes, regalábannos los muros, e las piedras que martilleaban nuestros zapatos, regalábanos. Regalábanos el sol, e nuestras ropas, más llenas de humo e polvo que nos mismos, parescían también regalarnos por cuanto éranse ya más de la tierra que de nuestra propia pertenencia e hacienda.

E nuestra hacienda era inmensa por cuanto cada persona que topásemos foera más paje o enviado que descognoscido, e cada mirada era reverencia e caricia de asentimiento e regalo.

E tanto foimos regalados que la verdulera del mercado de la vida pidiónos a cambio somero pago e tan larga e corta era nuestra hacienda, que hobimos de pagar con lo más nuestro, dejando trozos, que no carne, de un corazón de poco músculo de tan gran e abultado como estaba en nuestros pechos, que ya más érase éter e tampoco nos perteneciera.

Así ficimos el trueque que no por dejar algo quedábamos de vació, e nonfoera avaricia lo que moviónos a hacerlo, que si alma nuestra en corazón era múltiple e non terminable, non era menoscabo al regalo recogido, sino designios absolutos que el Señor sólo puede desentrañar con su libro Eterno dó consta.

No olvidéis releer esos momentos cuando bien pudiéreis, que a buen seguro entendederes, muy ciertamente, cuanto las oscuras entendederas deste escribiente pretenden vanamente facéroslo cognoscer.

. . . . .

Despedímosnos con gran revuelo, algazara e tristeza de nuestras posaderas, o por mejor decir, de aquesas dueñas de posada, et evitemos confusión, falaz equívoco para quien ver quisiere ganas de andadura a epatencia de pergrinaje, que bien hobiéramos dado algo por sestear antes buen rato, e mostrámoslas el lugar do habrían de perpetuar más que sus firmas, nuestro pasar por sus dominios.

Ya a punto estábamos de cruzar el umbral que nos devolvería a nuestro camino, con gran propiedad pues que de todos est et si me es permitido más de los que transitamos con golpes al recuerdo del vulnerable Aquiles que de los meçenazgos harto interesados de quienes dieron para los facer, cuando aparescióse en este punto la hija del galeno con otra damisela en demanda de más recuerdos, que habísmosle entregado los agora llamados adhesivos como papel filigrana de tuno dinámico que un curioso artificio permitía pegar por su cara posterior en el lugar preferido.

Otorgámoslas esta prenda en recuerdo por sus bienes e los paternos e despedímosnos definitivamente.

Ya en la calles estábamos cuando vínose la sed a llamarnos e llamamos a una puerta cuya solícita dueña ofreciónos de la mejor agua que disponía, acompañando su cortesía con el gesto de la ayuda de un vaso, facilitándonos la libación del caldo neutro.

Agradescimos su buena fé e con tristeza e alegría, que no por contraditorias han de verse a un tiempo alejadas, et encaminámosnos hacia la salida del lugar.

El astro que aún muéstrase tímido en esta época comenzaba ya a ocultarse tras lejanas lomas hacia las que con decidido paso e garbo, aunque bien conscientes de nuestras cuitas por cuanto la noche pasada al maltechado no habíase borrado del todo de nuestras mentes, e nuestras frágiles carnes aún no desechaban la idea de un escalofrío de vez en vez en recuerdo de lo acaescido, et íbamos en derechura.


6. Paso a paso


Las capas henchidas de viento oloroso
se vieron al punto volar alredor;
y el arpa vibrando con eco armonioso
así dulcemente entonó el cantor...


En suave ascendencia pero inacable pendiente fuése alejando a nuestras espaldas Almagro.

A poco atacamos las primeras curvas del llamado Puerto del Reventón, e a fé que es propria denominanza, pues que no llevábamos siquiera dos horas de andadura, duarnte las que tan sólo foimos pasados por poco solíticos condutores, cuando nuestras cabalgaduras, que no eran sino ambas piernas de cada uno mismo, obstináronse en aposentarse buscando descanso, tregua e acaso refresco, que la ropa que toda encima llevábamos facía votos por nos bañar al cabo de tanto de non ver el agua, e así empapábanos en nuestro proprio sudor que emanaba.



Ficimos parada en lo que se me recuerda como el punto más alto del mencionado puerto, encomendando nuestras aguas naturales, que foeron despedidas con gran discrección e comedimiento en el terraplén que bajaba de la loma del camino, encomendando, digo, nuestras aguas a la Tierra que antes nos la había cedido, para así que non viera en nos sino dinnos fijos suyos a quien debería mantener cuando de nuevo hobiéramos necesidad de que el líquido retornara a nuestras vexigas.


E ficímoslo con gran recato porque no viniérasenos encima un chaparrón poco necesario e nos rociara con grave riesgo de nuestras saludes al no dejar atisbo de comedimiento, nin en nuestras acciones naturalmente necesarias, nin en las suyas, necesarias naturalmente.

Desfacimos equipaxe aligerando la carga que al hombro llevábamos para pasarla a las manos, en tanto entrevíamos la cercanísima e abrumadora, por desconsoladora posibilidad de volver a no dormir bajo techado.

Barajábamos todos los naipes de las incieras horas que habrían de sucederse arrancando algún que otro negro beso al caldo de la bota que bien repleta transportábamos, por si la bolsa de igual contextura e forma quisiera cobrarse revancha e reventara de plenitud, et a fé que facía de comodín pero nin aún con su importante colaboración ligábamos baza ganancial para nuestros designios.

Comenzamos a sentirnos pesarosos al llegar a este trance aunque, ¡oh paradoja!, sin perder la alegría por la desventura, un tanto entregados a lo que foere menester, pues que a eso habíase marcado la salida, et impúsose el sursum corda.

De cuando en cuando atisbábamos carro o coche que se aproximaba mas al llegar a dó habíamosnos instalado, tan sólo dedicábannos una mirada, ora desconfiada, ora de extrañeza, otrora regocijada.

En breves segundos habímos fecho de aquel ligero altozano que dejaba el camino a su lado un auténtico aduar, cual queda un sitio con la acampada de gitanos, en franco detrimento para éstos, pues tan siquiera sabíamos si los sucios ropajes que por allí habíamos extendido eran proprios o tratábase de harapos abandonados por esotros menesterosos, de tan raídas e ultrajadas que eonctrábanse nuestras vestimentas, ansí que las dábamos por desconocidas.

Flotando en cavilaciones hallábamosnos cuando acertó a a pasar lo que llaman furgoneta, moderno equipamiento de carrocería para el transporte de enseres y personas, e tras asomar por la ventanilla que a la sazón llevaba a cada lado, fue aminorando la marcha hasta detenerse unos metros más allá...

Pensamos que la extrañeza o de nuevo el regocijo, menos la desconfianza, habíanles impulsado a parar, e ya estábamos preparados a que diera vuelta e retornara por vernos una e otra vez, y ya preparábamos frases preñadas de imprecaciones como respuesta, según se acostumbra a hacer en estos casos.

Mas, grande foé nuestra sorpresa cuando, tras un rato de espera, asomóse un brazo e fizo seña de que nos acercáramos. Aquel despliegue de harapos por los suelos, e de pertenencias, non hobiera sido recoxido en menos de una hora en circonstancias normales, mas era de verse la priesa que nos dimos en suprimir tempus obvice, que en menos del que tardo en contarlo, ya habíamos introducido todo en las alforjas e precipitábamosnos en busca del transporte.


7. De camino sin andar



De lo que acontesciónos al subir a aquel carruaje fablaré agora, aunque malhaya si en empleando mardacidades paresciérase que intentara zaherir a nuestros magnánimos bienhechores, mas, voto a tal, e mal nos está a los estudiantes así jurar, que más parangoneamos carreteros de viejos caminos que de viejos pliegos, pero grande foé la impresión que causónos tal encuentro e semejantes compañeros, mas e como esta sensación primera non foese mas que una gota del mar comparándola con lo que encima se nos venía, no me extenderé más de lo preciso, como agora se verá...

Mas e como quisiera dar rienda suelta a la pluma, cuya brida comienza a empujarme, e ansí poeda vagar al son de mis inciertos e poco fijos pensamientos, quiérome agora prolongar estas líneas antes de avanzar adentrándome en lo acaescido, que al fin no será sino preámbulo lógico e importante por lograr un entendimiento pleno de lo que se dice, e de lo que se fizo.

Cederé privilegio de alón a mi artilugio de escribir, que malo foera el que en mi humildad osara consagrar alas cual pie de Mercurio, mensajero de los dioses, a estas trnashumancias etéreas que son lo que pensamos, e non es ello sino que los únicos mensajes que hasta agora he creído previnientes de los dioses son aquesos que redundaran la unva en redundamiento del estudiado Baco, et el que pecara de aburrirme a mí mismo, gran agravio foera, alargando ansí la entrada en nuestras cuitas.

Et es que el estudiante, cual su nombre indica, ha de velar por el cognoscimiento, foera cual foese la índole queste truxera, mas juraría de nuevo si non hobiera lugar a la reticencia al pensar en las Abundancias que allá adentro encontramos.

E válame el cielo que tan pintorescas metáforas han lugar en este caso, ca ambas dos damas que acompañaban el carromato eran dinnas dueñas de tal epíteto. La una abundante en vientres, e de fruto tan maduro que sopesamos la posibilidad de que reventara en el viaxe de tan marduro como parescíanos, e Dios sabe si tan picado de la mosca como los árboles que lo engendraron, que más que tal picadura paresciónos cagarruta sin para depositada en aqueste lugar, para deshonra del proprio e diminuto boñigo. La otra a fé que érase abundante en acaparamientos, pues que a tal llegaba su extravismo, que en tanto su ojo derecho apuntaba al oriente, viendo salir al astro rey, el toro, el siniestro, ya ocupaba puesto oteante hacia occidente, alerta al descanso de la estrella.

E de tal modo extraviaba, que hasta nuestros golpes de vista veníanse a equivocar, e ya fartos del exhaustivo vagar, ora al diestro, ora al siniestro, que se nos imponía cual gimnasia poco apropriada para amantes del reposo como agora fuésemos, dimos en dispara la visual concentrando la mira en el tercer ojo, fecho que era de la media obtenida de los otros dos e un tanto a lo buen cubero, que la ocasión ansí lo requería.

A más de estos atributos, de por sí naturales, acompañábanse del cuerno que les diera nombre, que a la sazón estábase entrañado por una bolsa de pipas abundantes que iban deglutiendo en sonoros e crujientes trásegas del fruto, tan solo debilmente ahogados por el equiparable bramido de los bueyes mecánicos del aparato.

Formaba trío con las diosas menores un mozalbete callado e quieto para ventura nuestra, que no hay sino mochacho metomentodo e pincharín para resucitar las enseñanzas bíblicas en elogio e recuerdo de Jerodes, a quien Dios haya perdonado.

Aposentámosnos como pudimos en aquel incómodo vehículo, aunque mal ficiera si negara la gracia que facíannos como ya hube avisado al inicio, e trastabilleamos amortiguando los sinsabores del camino con nuestras inquietas e ya un tanto furiosas posaderas, cuya función primordial habíase quedado relegada tan a segundo término que casi nin recordábase por tan exigua pitanza injerida, como llegábale, pues tal era el hambre que almacenaban nuestras andariegas tripas que nin la olor érase permitida a llegar tan abajo en la digestión, en detrimento obvio desotros momentos de aflojamiento de las costumbres en que quasi es de rigor desprenderse de un sonoro pedo por notarse satisfecho e comido.

Asentábanse los maridos en dó los condutores, harto ufanos por nuestra recogida, e razón habían dello, que non era de desaprovechar tamaño topar, et otro tanto por los vapores que las vides comenzaban a despertar en sus corpachones.

A más dellos había otro personaje en juego, perdóneseme la expresión, por cuanto tratábase de un anciano que reforzaba su apoyo sobre un garrote, rústicos ambos, en tanto lanzaba su mirada, aunque más bien paresciese que era su mirada la que del se desprendía, dejándolo asín sentado, lo que non era de extrañar, e quedábase fija e clavada en un punto invisible en la distancia.

Mal recordaría si dejera que habló en aquel corto trayecto, pues non parescía sino que toda su energía quedaba destinada al huir constante de su mirada.

Foímos requeridos sobre nuestras andanzas e contamos lo mejor que sopimos nuestras pretensiones e, al cabo, invitados a demostrar nuestro arte, pane lucrando, arrancamos notas a los sofridos instrumentos e de la ya desentumecida garganta, por los rápidos escarceos que a su bota dimos, por catarla e facer honores a su caldo, comparándola con la nuestra que, justo es decirlo, perdió en la competencia.

Parescía, sin embargo, que non dirigíanse tan lejos como hobieramos deseado, sino tan sólo a Granátula de Calatrava, pueblo inmediato a la salida de Almagro e que ocupaba el punto medio de nuestro itinerario hacia Calzada.

Ficimos algunas pesquisas para nuestra folganza en la próxima parada e comenzamos a desilusionarnos al comprobar que el susodicho lugar carescía de interés para nosotros, por cuanto habríanos obligado a dormir de día, pues que el tal lugar carescía de posada et al calor de fogueras et a su tenue luz, aún si la suerte éranos propicia et a esto habíamos merced, non érnos permitido sino arroparnos de insomnios e acolcharnos de piedras.

Mas apiadáronse de nos los condutores e a cambio de incontinuadas coplas, ficiéronnos la merced de llevarnos hasta el mismísimo Calzada, alejándonos así, malhaya mi retórica agora, de la misma calzada e vía de sofrimiento a que destinados veíamosnos. Asentimos e aprobamos la propuesta e continuamos viaje.

8. Calzada de Calatrava

Comoquiera que foese Domingo de Resurrección, conforme a lo que la liturgia eclesiástica dispone, aunque el día érase propicio para cánticos, las gentes parescían preferir el guardar duelo en sus casas, quién sabe si al amor de una lumbre, aunque non diera timepo para ello, e desgranando cuenta a cuenta las beatas, e trago a trago los beodos, que similar semejanza hallo entrambas palabras.

Llegamos a Calzada a lomos de buen calzado, e suplico benevolencia del lector pues que sígueme malhadando mi retórica, e pues que ya en nuestro coleto comenzábase a sentir et aún a oír el vocerío de "homme al agua" segunt prescriben los cánones para el caso, et es que de lo trasegado famíamos inundado tanto la consciencia que ésta misma amenazaba con ahogarse e fenecer et ansí gritaba, empeñámosnos en dar con posada o fonda do trasegar unos quintos, como llámanse también a los alcoholes de lúpulo, vulgo cervezas chiquituelas.

E nos, ya entre asfixiados hipidos la voz interna que guardaba energías por mantenerse a flote, recordando pasadas experiencias del pulcro Arquímedes, dejábamosnos llevar por aquellas gentes de buena fé, pues que nada podíamos perder, ca por Baco que lo único que pagar podíamos era la simpatía destas gentes con nuestro saber trovar, alegrándolos, e nuestro saber defendernos de las espesas e pesadas espadas dialécticas que ya esgrimíamos los concurrentes, con escaso silencio e mucha fabla hética.

Acercámosnos con gran jolgorio a una semiabierta tasca o barucho dó fuénos negada la entrada e vetado el paso con gran pesar por parte nuestra que ya víamos maceradas nuestras contexturas con lo incierto del vieja e porque el insistente traquetear facía batir inevitable de huesos et eminencias contra el duro metal de la carrocería, anhelando el momento de abandonarla.

Mayor fue, sin embargo, el pesar de los mecenas lugareños, que con firientes venablos reflexaron su ira contra la posadera que, paresciónos entender, algún parentesco guardaba con ellos.

Llegamos a las últimas casas del pueblo et allí fuénos abierta una estancia. Bajamos e dispusímosnos a continuar la libanza ya comenzada.


9. Sitio en Calzada


Larga sería la exposición de cuanto en aquel lugar ocurriera e más que a mi parésceme agora, pues que a cada botella abierta añádíase un tiempo impensable e irrecordable de cuanto fue acaescido, e pasada que lo fué con mucho la décima botella, perdí contacto con las elementales materias que persona humana barajase et ansí fuéronnos negadas Matemáticas, Teología e Ciencias en general, et habríamos perdido los haberes de haberlos tenido, por lo que a falta dellos, hobimos de dejar en prenda nuestra ya adormitada noción del tiempo.


Vénse agora plasmadas sus firmas al final deste Libro, en el apartado que comienza diçiendo: "Do firman todos aquellos... etcétera, etcétera" Et héte aquí que de lo que recordar consigo, sé que a última hora, Emeterio, como ansí llamábase uno de nuestros cicerones, debióse enzarzar en oscura divagación con el capitán Don Carlos, pues que me llegaban disparatadas frases que non conseguía unir con lo que alrededor ocurría, et ansí, veba volant, dejábalas pasar por entre los oídos sin más pábulo ni dilación.

E debióse apercibir el ya nomnado, puesto que dirigióse a mí en demanda de atención et nolens volens explicóme largamente sus cognoscimientos musicales e su técnica con el instrumento llamado acordeón o fuelle, que díxome tañer largo e bien como resultado de cinco años de intenso estudio que viéronse truncados por un mal percance en un pié o pierna, que a tal lujo de detalles he vetada mi memoria, e, dixit, esa lesión imposibilitábales andar como buenamente es necesario e obligatorio en la banda del pueblo, viéndose ansí relegado.

Y entanto lo ya narrado decía, enviábale pescozones al chiquillo que mantenía sus trece al respecto de la música cada vez que le preguntaba
"¿E tú non voledes aprender la guitamarra?"
e, ¡zas!, obsequio que le atizaba.


Con todo esto yo non conseguía sino esbozar báquica sonrisa tratando de imaginarme al buen rústico tañendo el viento con los de su pueblo, et el efeto total questo causábame era la mueca antedicha, ya que vinum laetificat cor hominis, et al fin, in vino veritas.

Muy fuertes debieron ser mis pensamientos ca el Meterio amoscóse e comenzó a lanzarme una lluvia d epreguntas malintencionadas et encaminadas a remeter en vereda la situación, despejando toda duda.

E tan mal camino llevaba que non dió ni ardite por mi aseguración de que ignoraba las más elementales nociones de música e que mi facer debíase tan sólo al oído, e como por dar práctico ejemplo a lo dicho acercaba a la oreja el instrumento.

Mas, como queda dicho, facía caso omiso de cuanto le dixere, et exaltábase entre la niebla de la cogorza que ya a todos envolvía facíendome sin cesar la misma pregunta una y otra vez:
- Qué es armonía?
e dándome ningún tiempo a no contestar, volvía sobre el asunto respondiéndose sólo a su pregunta:
- Armonía es el arte de combinar los sonidos...
E non bien concluía su monólogo, insistía en su demanda sobre la mentada armonía, e yo, para mis adentros, pensaba en que armonía era yo mismo yaciendo en buena piltra e con alguna pitanza al alcance de la diestra.

Por fortuna don Carlos sacóme del brete e de nuevo nugláronseme sus conversaciones.

Mientras, el alférez don José surcaba en lontananza, tal érase la niebla que nos separaba, departiendo, dios sabe de qué cuestiones, con el anciano et una de las esposas.

Al cabo concluimos en el lugar, entonamos una copla de despedida, e por el camino más inclinado e pedregoso del orbe, sobimos al carruaje que en la puerta estaba sito.

Alcanzamos el hostal La Bodega, nombre a tono con nuestro real estado, que más que panza parescíamos portar barrica, e diéronnos consentimiento para apostar aquella noche.

Despedímosnos de tan espléndidos lugareños non sin estrenar el sitio con un último vaso, que foeron dos, e sin mil promesas et agradescimientos por su inconmensurable generosidad, ayuda y humanidad.

Sobimos a los aposentos e tras tentar lo que de pitanza fabíamos, dimos con un nuevo encuentro con Morfeo el reparador.